Amo la vida, porque es frágil e igualmente la amo porque perdurará a mi insignificancia, porque tiene la voluntad de hacerlo y lo hará.

Sogyal Rinpoche, uno de los maestros del budismo actual y traductor incansable del Dharma en el mundo occidental, escribió un hermoso libro englobado en la tradición del budismo tibetano llamado "El libro tibetano de la vida y la muerte". En esta obra él dice que:

La verdad espiritual no es algo complejo ni esotérico, sino que, de hecho, es simple sentido común. Cuando se comprende la naturaleza de la mente, se desprenden las capas de confusión.

Hace 15 días falleció uno de mis amigos, Jorge Barajas, persona con la que conviví por años; Su muerte me conmovió bastante, pero dada su delicada salud, pese a su edad, me hizo pensar que era algo probable. Ayer murió otro de mis conocidos, Eduardo Camero, persona a quien estimaba y que hoy ya no pudo ver un nuevo día.

Tal vez sueno insensible por la muerte de dos personas a las que quise y por las cuales en algún momento llegamos a externar aprecio mutuo. La verdad es que no estoy triste, como lo estuve hace tres años por el fallecimiento de otro gran amigo Silverio Sánchez; hoy me he dado cuenta que ya he llegado a la edad en que iré perdiendo a todos los que amo, hasta que alguien más me pierda a mí.

Retomando a Rinpoche me gustaría cerrar con lo que por obvio se pasa por alto:

Lo que nace morirá, lo que se ha unido se dispensará, lo que se ha acumulado se gastará, lo que se ha construido se caerá y lo que está arriba estará abajo.

Suerte amigos donde quiera que estén, acaso en el Samsara como dicta mi fe, en el cielo o en la nada.