
Hace muchos años cuando empecé a leer a Isabel Allende (inicie con “Hija de la fortuna”) recuerdo que algunos amigos con pretensiones de literatos la descalificaban al compararla con Mario Puzo o Anne Rice (otros autores a los que soy adepto), el argumento era simple: se trataba de una autora “comercial”, es decir, lo opuesto a lo que se supone debería leer. Bien intencionados como creo que fueron mis amigos nunca entendí el porque suponer que algo popular o “masivo” es malo en comparación con autores prácticamente desconocidos de supuesta genialidad incomprendida por los simples mortales (aquí me ahorro cualquier señalamiento para no entrar en polémicas).
Así las cosas con algunos de mis amigos que dicho sea de paso piensan que leer a Octavio Paz y a T.S. Eliot es fresa, ven cuanta película silente no gringa y recorren todos los festivales intelectualoides que pueden con pretensiones cosmopolitas, mientras que yo simplemente buscaba algo que leer.
Paso el tiempo y conocí a un estupendo diseñador gráfico con el que trabaje en cuestiones editoriales y me dijo algo muy gracioso en cierta ocasión en que alguien crítico su lectura de “Harry Potter” (varios años antes de que se hiciera tan popular). La lectura es una actividad que brinda placer y el juzgar a los demás por lo que consideramos lecturas “vacías” o “paupérrimas” es en el mejor de los casos una muestra de sobrada soberbia y vanidad.
Confesare que después de escuchar tales argumentos asentí con una condición. Es cierto que no debemos juzgar a quien lee algo que no nos agrada, en especial si se vive en un lugar donde no se lee y el ser impopular no es igual a ser genio, como el ser “Best Seller” no equivale a Bodrio. Pero el criticar y el juzgar no son lo mismo y pienso que es valido que argumentemos y defendamos nuestros gustos y desencantos sin pretender que nuestra visión se convierta en la norma.
¿A que viene todo lo anterior? Como decía, ha pasado mucho tiempo desde que empecé a leer a Isabel Allende y la verdad es que en los últimos años me tope con algunos desagradables encuentros, donde leía libros que habían perdido el encanto de sus primeras obras y francamente parecía que en verdad escribía para vender y no por que quisiera hacerlo, pero hace unos días so pretexto de que debo guardar reposo por mis múltiples operaciones, leí “Inés del Alma mía” un libro que una amiga me recomendó hasta el cansancio y que debo confesar me gusto mucho en verdad e hizo que recuperara en buena medida mi gusto por Isabel Allende.
De igual manera espero que si alguien más puede y quiere leer algo en estas fechas de tiempo extra, se acerque a un libro que cuenta la conquista de Chile narrada por Inés Suárez en un ejercicio de imaginación y recreación histórica sin más pretensión que entretener.
Imagen: Allende Isabel. (2007). Inés del alama mía. México: Random Hause Mondadori.

Escribe un comentario