En ocasiones se nos olvida que la antigua y clásica Grecia fue en realidad muchas grecias y que las llamadas Ciudades-Estado son una pésima traducción medieval de las polis griegas en las cuales el ciudadano poseía una relativa autonomía y libertad de los demás imperios, pero que al interior se desdibujaba en su concepción individual para ser como una hormiga que antepone su propia existencia al bienestar de la colonia.
Eso es parte de lo que podemos observar en la última adaptación al cine de una de las mejores obras de Frank Millar. En 300 se vive la épica del rey Leonidas, quien para el año 481 a. C. logró detener junto a trescientos espartanos la avanzada del Imperio Meda (Persa) de Jerjes en lo que eventualmente daría la victoria griega en el periodo conocido como las guerras médicas.
Violencia que hace arte y tan gráfica como leer la historieta en la cual se baso. 300 es un recordatorio de que el mundo antiguo es mucho más heroico que el actual porque también fue mucho más brutal. Sin espacio para el amor romántico, la discapacidad o el discenso, en una obra dramática que nos recuerda que hemos ganado mucho desde los albores de la humanidad y que el mundo occidental siempre ha considerado como su principal enemigo a todo aquel que no piensa y se somete a sus valores, pues aunque no se aprecia en el film, los que iniciaron la guerra fueron los espartanos, quienes interesados en Asia menor conquistaron buena parte del territorio persa.
Por mucho la mejor película épica que he podido disfrutar en años.
Imagenes: 300 the Movie

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