
Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu
No son como erróneamente se cree, los premios otorgados a lo mejor de la cinematografía mundial (apenas si existe un apartado para lengua no inglesa), tampoco se caracterizan por un criterio riguroso en cuanto a su selección y en ocasiones son realmente cuestionables tanto las nominaciones como los galardones entregados, y sin embargo…
Son los Oscares, la presea más codiciada del mundo del cine comercial. Tal celebridad originada no tanto por el talento como por el showbussines que tan bien saben hacer los norteamericanos. Se trata del star sistem que brinda a su Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de un glaour que no poseen ningún otro evento similar.
Gran gala en la alfombra roja con la peculiaridad de que nunca en la historia del estos premios se habían presentado tantos latinoamericanos en las más diversas menciones, desde dirección, película y actuación, hasta como presentadores de premios (que no es poca cosa). Es una realidad que Estados Unidos se construyo sobre la piedra de la inmigración y si se me permite la comparación arquitectónica los latinos cada vez más pasan de los cimientos a la piedra angular de una industria que como ya mencione, no es la mejor, pero sí la más glamourosa y de paso la que más dinero genera en el mundo del entretenimiento.

Los llamados premios grandes correspondieron a Forest Whitaker como mejor actor en The Last King of Scotland (arriba derecha); Hellen Mirren como la mejor actriz en The Queen (arriba izquierda); Martin Scorsese –por fin– por mejor dirección y película en Infiltrados (abajo derecha) y finalmente un oscar honorario al gran maestro de las bandas sonoras Ennio Morricone (abajo izquierda).
Imagenes: Associated Press / domingo 25 de febrero de 2007

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