Oaxaca empezó a ocupar un lugar preponderante en los diarios hace poco más de cinco meses, en aquel entonces se trataba de la mera demanda magisterial de una resonificación salarial (sobra decirlo, demanda legítima), pero el gobernador Ulises Ruiz Ortiz, heredero del antiguo cacique José Murat decidió no atender a las peticiones de los maestros y tal cual su costumbre opto por reprimirlos, justo como lo hiciera con los medios de comunicación, disidentes y adversarios políticos.

Nada logró en aquel momento, salvo la creación de la cacofónica y redundante Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), conjunción de grupos marginados y antisistémicos, cuya fuerza se vería incrementada ante la incapacidad del gobierno priísta por iniciar o retomar negociación alguna.

Muchas voces se sumaron a la demanda de intervención del gobierno del cambio (humor involuntario supongo), para exigirle que mediara y solucionara de manera pacifica y por medio del diálogo, las demandas de seguridad y justicia de los oaxaqueños, no sólo la APPO, no sólo URO, sino los habitantes de a pie que padecían el fuego cruzado.

Fox, por negligencia, necedad o por falta de permiso de Marta (todo es posible), se negó a gobernar (justo como lo hiciera Ulises) y dejo pasar el tiempo, permitiendo que los manifestantes se radicalizaran cada vez más y violentaran los derechos humanos de todos los habitantes de Oaxaca, negándoles educación, trabajo, salud, libre trancito y en caso reciente vejando a presuntos delincuentes en linchamientos públicos.

continuará...