
Nadie puede cuestionar que la Revolución Mexicana y la momia de Lennin comparten el mismo anacronismo, son remilgos de un pasado que no necesariamente es real sobre épocas de justicia y luchas sociales que nunca existieron o que si se quiere pensar en su veracidad, se confrontan con el pri y Stalin respectivamente.
Nadie puede negar la gesta heroica aunque regionalista de Zapata caudillo por antonomasia y figura romántica de la lucha social, aunado a cientos de caciques y caudillos que por los motivos más diversos (personales en su gran mayoría) buscaron un cambio unos y una continuidad los otros.
Nadie puede rechazar que la política del siglo XX e inclusive el siglo XXI deben gran parte de su realidad y desarrollo a la Revolución Mexicana, como fuente de toda legitimación en el caso del pri y de oposición en el caso de la disidencia panista de la familia revolucionaria en su tierna infancia.
Nadie puede debatir que el presidente Fox ha buscado desaparecer el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (hoy de Estudios Mexicanos en general) por resultar contrario a su propios intereses, siendo un pronunciamiento legitimador del viejo régimen.
Nadie puede ignorar que el desaparecer el tradicional desfile deportivo del 20 de noviembre coincide con la toma de protesta de Andrés Manuel López como presidente legítimo y que de no hacerse resulta más que providencial, maquiavélico.
Un desfile, un día, un recuerdo, pueden no ser nada con el paso del tiempo pero pueden también ser todo y cabría cuestionarse sí cancelar el desfile es lo indicado y sí se realiza por los motivos correctos.

Escribe un comentario