En unas horas comenzara el sexto y último informe de gobierno del presidente de México Vicente Fox Quezada y contrario a lo que millones de personas pensábamos de que nada podría ser peor que el PRI, el saldo que entregará a los mexicanos es por mucho desastroso, al grado que la figura gris del expresidente Zedillo resulta ahora mucho más luminosa.

Un país secuestrado por el narcotráfico, su familia política sumida en medio del escándalo, decapitados en Acapulco, tiroteos es Oaxaca, Paseo de Reforma secuestrado por la oposición que clama un supuesto fraude (origen de su intervención en la contienda electoral), el congreso sitiado con tanquetas y una transición hacia la democracia que nunca se vio cumplida.

Ya no estamos en 1970, cuando los diputados aplaudían como focas ante cifras incorroborables que emitia el presidente mientras la débil oposición lloriqueaba asustada en un rincón ante el atropello de la democracia. Hoy se le crítica por todo lo malo que hizo y lo bueno que no pudo hacer y muy posiblemente reciba rechiflas e improperios por parte de sus opositores quienes al faltarle el respeto a la envestidura presidencial serán en el mejor de los casos unos groseros, pero lo peor de todo es que casi con seguridad lo que le griten será verdad.

Adiós Sr. Fox y nunca olvide cuando empiece a hablar de los logros de su administración que le quedo muy grande la yegua.