
Algo que tengo que sacar de mi sistema es todo lo malo que he experimentado recientemente, para ello compartiré un poco de mi breve experiencia en el desarrollo de un proyecto editorial, siendo tan imparcial como pueda.
La historia en breves palabras:
Participe con tres amigos en la creación de un proyecto editorial llamado “Real de Catorce Editores”, el cual en un primer momento tenía la intención de fungir como un foro de publicación para obras interesantes (desde nuestro punto de vista) y expandirse en algo “serio”; tratábamos de crear un espacio inexistente en SLP y Michoacán para la literatura, pues en nuestra opinión se trataba de un campo totalmente olvidado en el mejor de los casos e inclusive en algunos más de una pequeña mafia intelectualoide que rige lo que es digno o no de ser leído.
El plan progreso por dos años hasta mi salida del proyecto. Para cuando decidí marcharme (a sabiendas de que perdería dinero y amigos), la pequeña editorial había crecido. De manera desastrosa y poco funcional. Cada vez abarcando más y dejando de lado los sueños de generar una producción seria, para dar paso a la fabricación de algunos libros con un cuestionable nivel literario.
La que alguna vez fue mi editorial, me desplazó y en el proceso lesionó a muchas de las personas que confiaron en nosotros.
Es así que inicio esta pequeña serie de notas donde ya no hablaré de una empresa que fracasó no por falta de talento o de apoyo, sino por la ambición mezquina y la nula ética que en ella se desarrollo.
A la memoria de un gran amigo:
Silverio, siempre te recordare como la persona que me enseño que no todo es tan complicado. Mi vida sin ti va ha cambiar mucho y no tengo idea de que pueda pasar, pero te prometo que lo enfrentare como mejor pueda.

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